Decir que todo es conciencia porque todo está hecho de átomos es una confusión entre materia y experiencia consciente.
Sí, compartimos la misma base atómica que las piedras o los árboles. Pero eso no significa que ellos compartan nuestra conciencia. La conciencia no se deduce de la materia sola, sino de su organización específica, como ocurre en el cerebro humano.
Nuestra capacidad de razonar, recordar, proyectar el futuro o tener sentido moral no son rasgos de los átomos, sino expresiones de una conciencia que trasciende lo puramente físico.
Si no vemos estas manifestaciones en un objeto —como en un río o una montaña— no hay razón para suponer que es consciente.
El panpsiquismo diluye el concepto de conciencia hasta volverlo irreconocible. Creer que todo es conciencia no es un acto de sabiduría espiritual, sino una renuncia a definir claramente lo que somos.
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