Naturalmente no buscamos lo que es digno de alabanza, sino que estamos propensos a buscar lo que satisfaga nuestros vicios y aunque sabiendo conscientemente que lo mejor es retirarse, nosotros por naturaleza buscamos el placer y una vez obtenido el placer buscamos otro.
El estoico tiene que ser consciente de cómo emplear su tiempo libre porque es una oportunidad que tiene para dedicarse a actividades elevadas que estén conforme a la naturaleza. De ella se puede concluir que fuimos hechos para la contemplación y la acción en base a la virtud, pero ambas deben complementarse. La contemplación sin acción es insuficiente, pues la sabiduría debe aplicarse, y la acción sin sabiduría también lo es, ya que carecería de dirección.
El estoico es activo hasta el último momento de su vida, siempre dedicado a actuar con virtud y a buscar el bien común aún con sus enemigos, no es indiferente al deber social que tiene porque él forma parte de la sociedad. Sin embargo, si la corrupción y la injusticia reinan, el sabio puede retirarse sin dejar de ser útil, pues su contribución no depende únicamente de la acción pública, sino también del pensamiento, la enseñanza y la escritura.
"Sin duda, esto es lo que se exige de un hombre: que sea útil a los hombres; si es posible, a muchos; si no, a unos pocos, a los más allegados; si no, a sí mismo."
El tiempo de ocio también se puede aprovechar meditando sobre la virtud.
El supremo bien consiste en vivir conforme a la naturaleza, la cual nos engendró para la contemplación y la acción.
Nosotros nacimos con una curiosidad nata para descubrir el mundo y sus secretos, un sentido por la búsqueda de la verdad más allá del plano físico.
Emplear la contemplación sin acción es una virtud malgastada, si bien la naturaleza nos dio la oportunidad de contemplación, también viene con la necesidad de actuar sobre ella.
Si la naturaleza nos revela cómo hay que vivir, entonces está en nuestro deber vivir de esa manera.
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